Nadie.
Nadie es capaz de comprender lo afortunados que somos. En esta tierra, en esta época de la vida que nos ha tocado vivir... por cualquier razón somos afortunados, y no queremos verlo. Ni siquiera los telediarios nos ofrecen una realidad comparable a la nuestra, hace tiempo que las noticas dejaron de informar para sólo vendernos imágenes, para parodiar otra película de serie B. Hoy me siento totalmente derrotista, odio el cielo, mi porpia dejadez a la hora de decidir mi futuro, las ganas de mandarlo todo a la mierda y comenzar en otro lugar lejos de aquí, lejos de todo lo conocido para así conocer con nombre y apellidos lo que es la soledad. Sentirme alejada, aun por mi propia voluntad, de todo ser humano que pueda arrojar amor a mi corazón. Estoy cansada de esperar de los demás lo que ellos encuentran en mí, o que al menos intento. O descubrir que aún puedo ser más rastrera si quiero, que siempre habrá un escalón debajo del mío sobre el que caerme. El otro día hablé conmi compañera de piso sobre marcharnos de donde estamos, ella, D y yo, juntas. No quiero vivir con D más, estoy cansada de que una gran amiga haya dejado todo rescoldo que quedaba sin apenas importarle. Me duele que todo esto le importe menos que a mí, cuando ella ha sido la culpable. Que no sea capaz ahora de ir a mi cuarto a charlar conmigo. Me jode que no pueda ser yo quien le cierre la puerta de mi espíritu, como casi he hecho ya, cuando hace tiempo que necesito leer a escondidas su blogg para enterarme de su vida, porque hay cosas que no es capaz de decirme. Odio esta situación, y en plenos exámenes odio no sentirme con fuerzas para afrontar el mañana, ni todos los mañanas que me quedan.

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